El Duomo de la Catédral

Auteur: Pedro de Alarcón 1878 es wikicode

Une visite du Duomo.

La Catedral (Santa María del Fiore, — Santa María de la Flor, — así llamada del nombre de la Ciudad, ó de sus Armas, que consisten en un lirio rojo sobre campo blanco) es una de las más célebres de la cristiandad; imponente como fábrica, grandiosa como pensamiento, respetable como historia y por los monumentos que encierra ; pero ni su Fachada está concluida, ni el resto del exterior luce sus grandiosas proporciones á causa de los mármoles de colores que lo revisten. — El Interior es sumamente pobre, ó por mejor decir, aparece muy desnudo y desmantelado, pues no bastan á su ornamentación las obras de arte que allí se admiran.

Entre las cosas que más me han sorprendido en aquel espacioso templo, citaré un Meridiano trazado en el suelo por Toscanelli, el maestro de Cristóbal Colon; los Vidrios de colores de las altas ventanas; un Grupo de Escultura, llamado la Pietá, obra de Miguel Ángel, quien lo destinaba á su Sepulcro, y una Pintura en madera, único adorno de una vasta pared, que representa al Dante, vestido de encarnado, coronado de laurel, con la Divina Comedia en la mano, y mirando á sus pies una vista panorámica de Florencia.

Este precioso cuadro fue ejecutado por Andrea Orcagna, el inspirado pintor que tanto hemos admirado en el Campo-Santo de Pisa, constructor además de la Loggia de la Plaza del Gran Duque y escultor también muy famoso. — Orcagna, que murió en el segundo tercio del siglo XIV, pudo muy bien conocer á Dante, muerto en 1321. — Como quiera que sea, siempre resultará que la República de Florencia, que tanto persiguió y afligió á Dante, lo albergó pocos años después bajo las bóvedas de esta insigne Iglesia, presentándolo reverentemente á la veneración de los florentinos.

Pero la gran maravilla de la Catedral es la famosa Cúpula de Brunelleschi, rival de la de San Pedro de Roma.

Brunelleschi fue el primero que se atrevió á levantar en los aires una obra de esta naturaleza, contra el dictámen de todos los arquitectos de su siglo, que lo tomaron por loco cuando lo oyeron exponer su proyecto. — Baste deciros, para que comprendais cuán difícil se creia entonces edificar una cúpula de tan gigantescas dimensiones, que artistas muy renombrados propusieron que se empezase por llenar de tierra el centro de la Iglesia, hasta que la cúspide de una montaña artificial saliese por la abertura que se trataba de cubrir; por cuyo medio, sólo les restaba construir una especie de corteza sobre aquel molde.

Este ridículo pensamiento tuvo sin embargo su lado ingenioso, que consistió en proponer que, al formar el susodicho monte, se mezclasen monedas con la tierra, á fin de que el pueblo en masa se diese luego prisa á desocupar el templo... — Así y todo, fue desechado, y Brunelleschi obtuvo al fin permiso para ensayar su idea, tan sencilla como barata (pues ni requeria grandes andamios, ni armaduras de hierro, ni arbotantes, ni ninguna de las pueriles precauciones tomadas hasta entonces por la ignorancia para acometer obras de este género), y levantó aquella portentosa máquina, aquel templo aéreo, cuyo diámetro pasa de 130 pies, y cuyo vértice dista 300 pies del pavimento de la Iglesia.

Algunos dicen que la cúpula de Brunelleschi tiene más mérito que la de Miguel Ángel, que hemos citado, construida un siglo después... (Vése ya desde luego, que tiene el de la prioridad). Pero este mérito, añaden, no consiste en la belleza, sino en el atrevimiento de la construccion...— Yo me alegro de que así sea; pues de este modo conservo íntegra la ilusion con que espero ansiosamente el dichoso instante en que pueda contemplar la célebre maravilla del Renacimiento, la decantada Cúpula de San Pedro de Roma, llamada por Víctor-Hugo en Notre Dame de París: «Idea de desesperación...; obra inmensa que merecía ser única;- última originalidad de la arquitectura ; firma de un artista gigante al pié del colosal registro de piedra que se cerraba... »